martes, 2 de enero de 2018

Año nuevo


Ahora que el tiempo vuelve a correr hacia adelante y sumamos los días en vez de restarlos, ahora que la nevera está llena de resaca de cenas imposibles y los estómagos pelean por digerir tanto amor navideño. Ahora que ya no nos caben más abrazos y desbordamos propósitos que no seguirán vivos más allá de unas semanas, todavía queda hueco para un último brindis. Por una vez quiero nadar a contracorriente y contradecir al mundo, y es que siempre tendemos a rendir homenaje al 'sueño por cumplir', al 'reto que comienza' y a la suerte que llegará, haciendo balance de todo lo que 'dejamos atrás' y brindando por la ilusión que está a punto de empezar. Y es magnífico. Pero el tiempo me ha enseñado que lo más importante de la vida no se escribe en futuros perfectos, sino en la capacidad de cuidar, valorar y respetar lo que ya tenemos y no se termina en una campanada, aquellas cosas que no nos llenan la boca el uno de enero pero nos mantendrán vivos un ocho de abril, aquellos ojos a los que llamamos hogar porque un día decidieron quedarse, esos motivos que nos levantan de la cama las mañanas de frío, esa constante silenciosa pero viva que hemos ido cosiendo año tras año. Hoy quiero brindar por ser capaces de valorar lo que ya teníamos antes de que llegara enero, porque nos lo habíamos ganado a pulso. Hoy quiero brindar por cuidar la vida y seguir encontrando en ella motivos para sonreír el uno de todos los meses. Orgullosos de quienes somos independientemente de los sueños por cumplir. Feliz dos mil dieciocho.

Vengas cuando vengas, ven sin salvavidas 
sin paracaídas y sin afeitar. 
Digas lo que digas, dilo sin sedante, 
fuerte y al semblante,lo puedo encajar. 

lunes, 13 de febrero de 2017

¿San Valentín?

Me considero una de esas personas que no creen en los excesos, en ninguna de sus formas. Bien sean de dinero, de velocidad, de apariencia o, mucho menos, de amor. Lo cual no significa que no crea en él, más bien al contrario, creo que el amor no se materializa con flores, globos y regalos cieneuristas una vez al año. Sí, creo en el amor y, sobre todo, creo en la suerte.

Creo que la suerte llegó a mi vida después de 27 años dando vueltas por distintos caminos, con más pena que gloria y muchas historias que contar. Los trenes solo pasan una vez en la vida, pero de nada sirven si no sabes hacia dónde vas. Y de repente llegó, se hizo luz y trajo calma.

Mi suerte detesta madrugar, tiene miedo a los domingos y es adicta a perder cosas. Mi suerte viste bien y huele mejor, sabe el precio de un esfuerzo y no escatima en ilusiones. Mi suerte me levanta del suelo cuando me caigo, me arropa cuando tengo frío y se inventa una historia cuando la realidad no me gusta. Mi suerte es primavera y calor, es olor a sal, es alegría a borbotones por las venas. Mi suerte es vida y sin ella nada es igual. Es distinto, diferente, no sé si peor pero, desde luego, no quiero saberlo.

No entiendo de sanvalentines ni de regalos materiales, por eso escojo el 13 de febrero y la única vía que conozco para entender el mundo: la palabra. Gracias por venir pero, especialmente, gracias por quedarte. Te quiero, el trece, el catorce, y todos los días del año.



'Rescátame entre la corriente de gente
y sálvame de una vida inofensiva
rodeados de almas vacías.'

lunes, 7 de noviembre de 2016

Si salimos de esta

Me gustaría escribirte una carta.

Sabes que siempre me gustaron los clásicos, no por rechazo al futuro, sino por miedo a olvidar el pasado. Al grano. Hoy quiero escribirte a ti que ya no estás. Hay culturas que dicen que sigues allá arriba, otras suponen que te convertiste en algún tipo de animal o ser vivo, incluso hay quien opina que simplemente eso, desapareciste. El final de los finales, ese que tanto miedo nos da concebir y por ello llevamos milenios inventando excusas para no hacerlo. En fin, eso no es lo importante ahora.

Hoy quiero escribir para contarte que los días siguen pasando y no veo la luz. Que el año no es eso que ocurre entre septiembre y agosto, que el tiempo ahora no corre hacia atrás y que los abismos son más monstruos que las dudas y los espejismos no entienden de desiertos, sino de ciudades bañadas por un Mediterráneo que, como diría Serrat, visten la piel del sabor amargo del llanto eterno. Hoy tengo que confesarte que la vida se me escapa a raudales por las arterias, que no la controlo y me controla, que no lo tengo claro. Que no tengo nada claro.

He dormido con el miedo, he desayunado compartiendo café y tostada con preguntas sin resolver y me he duchado con quizás que nunca acaban siendo un sí. Pero no todo es malo. Aunque tenga miedo, aunque haya mil opciones, aunque no vea el camino. No todo es gris, porque verás: no tengo prisa. Hoy me he dado cuenta de que el tiempo se mide en las cosas sencillas. De que no vale más quien más tiene, sino quien más valora lo que encuentra, sea poco, todo, o nada. Que mi vida es mía y por ello diferente a todas las demás. Inteligible a veces, pero incomparable, inmensurable. Que el amor mueve el mundo, pero se gasta si no lo cuidas. Que aprender a cuidarlo es la llave de la vida. Que el mundo corre tan deprisa como tú quieras que lo haga, pero que las prisas no son buenas. Que lo que pasa nunca vuelve y que no se puede vivir esperando. Que los problemas están en los ojos del que mira, que los prejuicios matan. Que cada café sabe distinto y cada consejo es una joya aunque no lo entiendas. Que quien te da su tiempo, te da su vida, y no puedes dejar nunca de apreciarlo. Y que hay que morir. Sí. Hay que morir en cada cosa que hagas, en cada rato, en cada aventura. Hay que perder vida en cada esquina, en cada anochecer, en cada mañana, en cada abrazo y en cada mirada. Hay que sentirlo, porque nos va la vida en ello. Y, ¿cuando llegue el final? Cuando llegue el final, que haya valido la pena.

Hoy he aprendido que mi vida es mía y solo mía. Que aunque pinten bastos, dibujaremos espadas. Mataremos al dragón y conquistaremos el castillo. Que no importa si nadie lo entiende, tú sabes a qué me refiero. Que si salimos de esta, vendrán más, y mejores. Que sí, que saldremos de esta, que saldremos de todas.

Feliz cumpleaños por adelantado.



lunes, 12 de septiembre de 2016

Carta a todos mis infiernos

¿Sabes? Yo también colecciono infiernos. Con efe. A veces profundos, a veces, amargos. A veces símplemente son ausencias, sonidos sordos, bocanadas de aire que no llega o, peor todavía, relámpagos de tormentas que, cuando llegan a tierra, quedan solo en lluvias y, cuando quieres abrir la ventana para sentir el olor a tierra mojada, apenas notas una brisa. Lo peor de los infiernos es justamente eso, cuando tienen nombre de ausencias, vacíos. Contra un enemigo puedes luchar, valiente o cobarde, siempre hay una salida. Pero, ¿qué hacer contra la nada? He ahí donde yo me pierdo.

Lo curioso es que me persiguen y los persigo. Que aparecen detrás de cada logro, en los días que preceden a la explosión, en la espiral de cada duda, en la desidia del "no me siento capaz", pero también en el "¡lo hice! ¿y ahora qué?" Es más, te diría que soy adicto a ellos. No me reconozco en la estabilidad constante y plana, como tampoco en la sonrisa afable y férrea. No soy carne del otro día más, no me enseñaron a serlo. Me divierte el miedo, diría incluso que tiene cierto atractivo que le falta a la paz. ¿Qué somos, sino madejas de miedos de colores que aprendemos a ir desenrollando, uno a uno, en la paciencia del día a día, y sabiendo que, en cuanto tengamos un tropiezo, todo volverá a empezar. Pero no importa, funciona así.

Me identifico en el miedo a equivocarme, a no saber esperar, a no estar a la altura o, peor incluso, a superarla y sentirme desubicado. Me encuentro en el miedo a conformarme, a no serme fiel, en el miedo a crecer o, como diría el Principito, en el miedo a olvidar. Me reconozco cada mañana en el miedo a no corresponder lo que recibo, a mirarla y que ella ya no me devuelva la sonrisa. Me pierdo en el miedo a sentirme perdido. Y caigo, y me ensucio, y no hago pie y me sumerjo, y cierro los ojos, y me persigo, y me encuentro, y me atrapo, y me creo, y me crezco, y salgo, y crezco y vuelvo a empezar.

Es entonces cuando descubro que sin mis miedos no sería yo. Y es entonces cuando recuerdo que sin infiernos no sabría valorar lo jodidamente importante que es abrir esa ventana cada mañana. Seguir abriendo los ojos, y que ella aún me devuelva la sonrisa.




No te vayas nunca o volverán las dudas

martes, 10 de mayo de 2016

Vida

Ahora que la luz es más tenue y entra rayada por la ventana.
Ahora que las dudas dejaron de ser preguntas
y los matices brillan más oscuros todavía.
Ahora que la locura duerme su letargo y cabila
entre pasar la llave o dejar entreabierta.
Ahora que es mayo y llueve. 
Ahora que el tiempo deja sus maletas en la puerta,
que la luna ya no es musa y la poesía una excusa
para un alma que cree estar de vuelta.
Ahora que dudas si el ser 
es solo una cualidad del estar,
del saber estar sin perder la fe.
Ahora que la fe se compra al peso
en mercados de segunda
donde ya no abunda la fiebre del beso.
Ahora que ya no veo, llegas, y eres vida.
Y, ¿sabes vida? 
solo quiero eso.
Ahora que la luz entra más tenue por la ventana.


Pronunciaré esperanza, la gritaré por dentro 
Si es lo que hace falta 
La escribiré mil veces 
Me alejaré de espaldas 
Quizás de repetirla algo me quede