martes, 17 de marzo de 2020

Stand By

Ahora que las puertas se han cerrado, las ventanas cobran sentido y ya no se llega tarde. Ni pronto. Ahora que vivimos en un presente contínuo que no sabemos cómo conjugará su futuro. Ahora que el reloj sacude lento sus horas y las ganas pierden la batalla contra los miedos. Ahora que los miedos se visten con pijama y nos empujan hacia el sofá. Ahora que la vida es un poco menos vida y la ciudad ha dejado de ser ciudad. Ahora que vivimos en stand by. Justo ahora es cuando todo vuelve a cobrar sentido.

Quizás necesitábamos alejarnos de todo para recordar el precio que tienen las cosas. O quizás simplemente estemos aprendiendo a echar de menos. Qué irónica la vida.

Un buenos días. Un abrazo en un día flojo, un beso de alguien que te quiere. Coger el autobús, un café con tostada en una terraza llena de gente, la cerveza del sábado, el despertador del lunes. Salir a correr, llegar rápido a casa porque llueve, una tarde aburrida en el centro comercial. Aquel concierto, un estreno en el cine. Un día distinto en el trabajo, un mensaje de quien no esperabas, salir a merendar. La vida estaba en todas partes y, a veces, se nos olvidaba lo jodidamente espectacular que era.

Qué ganas de volver a ver el mundo girar, de emocionarnos, de gritar, de sentir. Al menos, me queda la certeza de que, si de algo va a servir esta pausa, es para aprender a valorar la suerte que tenemos de ser lo que somos. De estar vivos.

Saldremos de esta. Sí, saldremos de esta. Y saldremos siendo mejores.


martes, 24 de diciembre de 2019

A propósito de la Navidad

Cada vez me cuesta más encontrar los motivos para escribir, o quizá solo se trata de tiempo y ganas. Ganas, esas que inundan la ciudad en estas fechas. Ganas de celebrar, de gritar, de beber, de desenvolver paquetes cargados de nervios, de brindis insaciables. Ganas de vida.

Hoy quiero desear feliz Navidad a todos aquellos que me han regalado su tiempo este año. Feliz Navidad a cada sonrisa desinteresada, a cada llamada para ver qué tal, a cada ironía pillada a tiempo, a cada ¿cómo estás? inesperado, a cada ¿hacemos algo el sábado? Feliz Navidad, feliz Nochebuena y feliz vida a todos esos ojos que componen mi día a día, a los cómplices desinteresados que dan sentido a mis pasos, a los que aguantan cada mala cara y todas mis respuestas inoportunas. Feliz Navidad a los que están, estuvieron y estarán porque sí, porque además de estar, son. Y lo son todo.

Pero también quiero desear Feliz Navidad a los que han dejado la silla vacía. A las sonrisas que solo quedan en la memoria, a las fotografías de las carpetas de recuerdos. Feliz Navidad en pretérito (siempre) imperfecto. Qué jodida suerte fue teneros. Espero que el día que yo me vaya no me queden tequieros por tachar.

¡Que seáis felices!

lunes, 27 de mayo de 2019

De ola a gaviota

De nuevo mayo y el gentío,
entre el ruido y las sombras una foto
que parte en dos el alma,
una ventana al vacío
que devuelve el gris a la cama.


Ahora que la vida se maquilla con prisas
y parece tan simple olvidar lo que somos,
ahora que tachamos premisas de la lista
y creemos que avanzar se define con logros.


Somos de donde venimos

Y morimos en cada zancada.
Pero siempre será un honor que el fango 

no borre nuestras alas.
De nuevo mayo y las sombras.
Pero, aquí todo, aunque no lo creas, avanza.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Paso del tiempo

Luces que se difuminan en el atardecer de una arteria principal. Líneas discontinuas de ingravidez que me perforan la sien. El tic-tac que tambalea el piso y la cuenta que nunca sabes si es hacia atrás o hacia adelante. Crees que va de tu mano y lo dominas, crees que queda todo el del mundo. Crees que perderlo es otra forma de ganarlo. Pero no se detiene. Crees que cualquier tren que sale solo es uno más y que llegarán otros y mejores. Pero ninguno vuelve. Cambio. Avanzo, crezco, sigo, arranco, entro, salgo, paso, llego, paro. El sonido del despertador que levanta de nuevo el telón, otra oportunidad.
Me agobia el paso del tiempo. Me enamoran los puntos muertos, las idas y venidas, los vaivenes y curvas. Me ansía la prisa y el destiempo, el llegar tarde, el no llegar. Me entristece perder, las ganas, las personas, las partidas, el tiempo, la vida. Me aterra que las miradas no se vuelvan a cruzar, que las manos no se toquen, que no quede tiempo para una última vez. Odio las sillas vacías, los espacios en blanco. Adoro la Navidad pero lleva implícito el paso del tiempo, y creo que jamás aprenderé a soportarlo.
Dicen que somos lo que los demás valoran de nosotros. El recuerdo que dejamos. La esencia que solo se entiende como parte de un todo. Soy porque somos. Quizás es diciembre, arrancar la última hoja del calendario, pero cada vez que llega me matan las ganas de gritarle al mundo que lo único que necesito es tiempo. Para dedicarlo a todas esas personas que me hacen ser. Para dedicarlo a vivir.



Edades que se van, como el vaho en el cristal 
No tengo valor para volver ni para seguir, ni de fingir 
Pido tiempo muerto y suerte

miércoles, 8 de agosto de 2018

Llegar a casa




Dicen que al viajar te llenas, tu cuerpo y mente llegan a un estado de embriaguez fruto de todas las cosas nuevas que han entrado sin avisar y estás rebosante. Es curioso, yo creo que es exactamente lo contrario.

Cuando dejo las llaves de casa y abro la maleta para deshacer el entuerto, estoy más vacío que antes, más vacío que nunca. Todas las gotas de anodina rutina que han ido llenando el vaso meses atrás han desaparecido. Ahora en su lugar hay una lista de motivos para echar de menos, y qué es eso, sino vacío. Además del bolsillo, que vuelve preocupantemente más ligero, pero eso ya es otra historia. Lo que ayer era aburrido, hoy es acogedor; quien antes estaba cansado de escuchar, ahora lo echo de menos; donde las ideas se habían agotado, ahora existen ganas de volver a crear. Y lo que es aún más preocupante, se han despertado lugares de la mente que creía dormidos y que exigen ser satisfechos constantemente, exigen descubrir, exigen llenar de nuevo esa maleta lo antes posible.

Creo que para que el ciclo vuelva a comenzar y pueda llenarse es necesario poder partir de cero. Y para ello creo que no existe mejor medicina que perderse en calles desconocidas, probar platos extraños, chapurrear otras lenguas y volcarse en proyectos que solo durarán unos días pero que dejarán tu mente tan vacía de peso y llena de vida, que solo querrás volver a empezar.

Terminar para poder volver a empezar, ya sabes, volver a casa.